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Viejóvenes: ¿lo eres o no lo eres?

Viejóvenes

Los roles de edad están cambiando. No en vano las ‘malas’ lenguas aseguran que los 40 son los nuevos 17: videojuegos, series, convenciones de cómics etc… cualquier adulto mayor de 30 se considera todavía lo suficientemente joven como para pasar una noche entera esperando para comprar las entradas de su grupo favorito o como para disfrazarse de su personaje favorito en la última saga de una película que comenzó hace más de 20 años (sí estamos hablando de Star Wars).

Pero también hay otro tipo de rol que cada vez vemos más por las calles de nuestras concurridas ciudades. Estamos hablando de unos personajes singulares: los viejóvenes. Seguramente habréis escuchado mencionar este tipo de rol alguna vez, sobre todo si sois tan fobos como nosotros. ¿Quién es la primera persona que nos viene a la cabeza? Sin duda Joaquín Reyes. Pero no sólo personajes famosos, seguro que algún vecino, amigo del trabajo, del fútbol, de los juegos de rol a los que sabemos que seguís jugando…

La definición básica de un viejoven es aquella persona que aun siendo joven, porque lo es, está en sus genes, en su DNI, incluso lo dice su madre y su abuela, parece 10, 15 o 20 años mayor. Pero ¿cómo puede ser eso? OMG. Pues las nuevas modas, los nuevos cánones de belleza, las redes sociales, el postureo, el aparentar, el aburrimiento… una mezcla de todo que hace que aquellos que iban a lo suyo en los ochenta o en los noventa pareciendo abueletes ahora se les denomine ‘hipsters’ ‘lumbersexuales, ‘coolturetas’ , ‘transformers’… y viejóvenes. Sus aficiones, su vestimenta y su manera de pensar es mucho más avanzada a la edad que tienen. No, no son más maduros. Un viejoven puede ser igual de inmaduro que un adultescente (juramos que hablaremos de este personaje más adelante’ o que cualquier otro miembro de una tribu de moda.

Viejóvenes

¿Eres realmente un viejoven?

¿Te lo has planteado alguna vez? En realidad basta con que te mires al espejo detenidamente, pero para que el resultado sea concluyente apunta: si 5 o más de estos tips que te mostramos a continuación tienen una respuesta afirmativa, ‘la has cagao, wenceslao’ perteneces a la ‘secta’ de los viejóvenes.

Te dicen que pareces mayor de lo que eres. Hay gente que así, a simple vista, parece físicamente mayor de lo que es. Un corte de pelo desafortunado, una actitud pausada ante la vida, una mirada a la lejanía como pensando en el devenir de los acontecimientos… si te dicen: ¿tienes 25? Pues yo te echaba por lo menos 36. ¡Eres viejoven!

De pequeño hablabas como una adulto bajito. Si desde que eras capaz de hablar comentabas los telediarios, entablabas charlas filosóficas con tus peluches o le explicabas el significado de muchas cosas a parientes y amigos mucho mayores que tú… sorpresa. Viejoven desde la cuna (sí, los inicios de los viejóvenes son los niños repelentes).

Utilizas cada dos por tres la frase ‘pues cuando yo era joven’. A ver alma de cántaro, que igual tienes 25 o 30 años, cuando tú eres joven no tenías muchos argumentos para decidir que tal o cual cosa era mejor o peor. Pero sabes que te encanta decirlo, y aleccionar a los quinceañeros  sobre que antes se hacían las cosas de otra manera. ¡Y que no teníais móviles! Enhorabuena, eres un viejoven y un poco cansino también.

Te pones en el lugar de los demás. Si tu madre o tu mejor amigo se caen al suelo corres a ayudarlos sopesando si se han roto algo en vez de reírte a mandíbula batiente, estás rozando la vejez. Porque ¿qué hay más infantil que reírse de las caídas ajenas? Si escuchas una historia triste y piensas que tú podrías ser el que está en su lugar, si das consejos a diestro y siniestro… has caído. Se siente.

Te vistes como tus abuelos. Te has saltado una generación. No te vistes como tu madre (que ha crecido en los 60,70 y 80 y sus fotos de juventud son una mezcla de colores y formas extrañas pero siempre muy modernas. No te vistes como tu padre (camisetas de diversos grupos de música, pantalones de pana mezclados con tenis de KAPPA)… ¡No, te has saltado una generación! Llevas pajarita, traje de chaqueta los domingos y ropa de fiesta los días de semana. Combinas un pantalón de pana con un chaleco, unos tirantes (¿por qué?) y unos mocasines de dos colores… Y si eres mujer te pones una blusa ¡UNA BLUSA! con un lazo, en tu ropa hay volantes, tienes conjuntos de ropa de punto y zapatos que se pondría tu abuela… Ahí te has pasado, eres viejoven de libro.

Ahorras. Un joven no ahorra, gasta hasta que no le queda nada y luego cuando recibe dinero de nuevo, lo vuelve a gastar en un bucle sin fin. Pero tú tienes una cartilla de ahorros (por aquí no hemos visto una desde el 96), haces un plan de gastos semanales o mensuales, tiene un aparte para posibles gastos extraordinarios y… ¡tachán! Te has abierto un plan de pensiones. Te irá bien en la vida, lo sabemos, pero eres un viejoven. ¡Toma ya!

Planeas tus salidas tú solo. Te encanta pasear por el centro de tu ciudad, descubrir nuevos parques, veredas, callejones. Haces ruta de museos un domingo o te tomas un té en la terraza de una cafetería de cupcakes sin tomar un dulce. Lees en soledad en un parque bajo un árbol, caminas con paraguas (has sacado paraguas por si llueve) bajo la lluvia. Viejoooooven.

Prefieres el día a la noche. El día es para los adultos, la noche para los jóvenes. Con esa sóla frase se resume todo. Tú prefieres acostarte a las once después de tomar una infusión y leer el capítulo de un libro que has sacado de la biblioteca de la casa de tus abuelos a salir a tomarte una copa y socializar. Pretendes levantarte al día siguiente a las 8 o 9 de la mañana para hacer algo tan emocionante como iniciar una limpieza general o ser el primero en la cola para que habra El Corte Inglés para ir a por el disco de uno de tus cantautores favoritos. Llevas la palabra viejoven tatuada.

Tu casa es un museo. Te mueves entre colecciones de vinilos, discos y figuras sacadas del baúl de la casa de tus padres. Tiene el primer cómic de Spiderman que te regalaron y no lo tocas, porque si lo tocas lo dañas y no vale. La foto de tus abuelos, en blanco y negro, vestidos sospechosamente igual que tú está presidiendo el salón. Te has llevado de la casa de tus padres la máquina de coser Singer de tu abuela porque ‘es una pieza de colección. Tienes ‘piezas de colección’ y una colcha hecha a mano por algún antepasado tuyo. Tus padres llaman de improvisto a la puerta y tienes pastas y té para ofrecerles ¡Naciste viejoven!

Te da por las manualidades o la calceta. Aquí tampoco hay género. En la actualidad calcetar está de moda. Ya seas hombre o mujer, si eres viejoven tienes que tener tu kit de agujas del 8 y lana de llama recién traída de las montañas del Perú para hacerte tu próximo jersey suave. Calcetas gorros y guantes ¡y calcetines! Y aprovisionas de todo tipo de prendas a los miembros más jóvenes (bebes, se entiende) de tu familia, que claro, pobres, no pueden decir que no… y mientras vas envejeciendo, y poniéndote las gafas en la punta de la nariz para ver mejor, y sentándote con tu cesta de calceta en tu sofá de piel. Y si te cansas de calcetar, haces crucigramas, o envejeces una caja de madera comprada en el Ikea con productos de carpintero… ¡has entrado en el maravilloso mundo del viejoven!

 

¿Con cuántos de estos tips te identificas? Si has pensado en cada uno de ellos que eso lo haces tú, eres un viejoven, y sino… seguro que eres de otra tribu de las que tanto abundan ¡te descubriremos!

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