Logran hacer música con una máquina de 2.000 canicas: descubre la historia

Máquina de música con canicas

No es la primera vez que vemos en Internet formas raras de intentar hacer música con tecnología. Pero el invento de Martin Molin seguramente los supera todos, no sólo por la complejidad de la máquina que ha construido, sino también por la belleza y delicadeza de sus movimientos.

La máquina de música de Molin es un ejemplo perfecto de lo que se llama máquinas de Rube Goldberg: construcciones muy complejas que convierten una actividad muy simple en algo extraordinariamente complicado, generalmente mediante el uso de reacciones en cadena. Seguro que las has visto muchas veces en televisión o en películas.

En este caso, estamos ante la Máquina de Canicas Wintergatan, construida por el músico sueco Martin Molin, y que consigue hacer música mediante la extraña combinación de un vibráfono (de la misma familia que el xilófono), algunos instrumentos de percusión, partes de una guitarra y – atención – nada menos que dos mil canicas.

Todos estos elementos se combinan en una compleja estructura de madera tallada, llena de ruedas, poleas, embudos, túneles y pequeños circuitos diseñados para recolectar las canicas en su camino a través de la estructura y volverlas a poner a disposición de la música. Parte del trabajo de reproducir música se tiene que hacer a mano, pero aun así el resultado es sencillamente impresionante.

 

Un proyecto de 14 meses

Molin comenzó su proyecto en otoño de 2014, y lo que calculó que le llevaría dos meses, al final ha tardado más de un año en construir su máquina de música. “Cuanto más cerca estaba de acabarla, más difícil era conseguirlo”, asegura Molin. Según cuenta el músico, su inspiración vino de las máquinas de canicas que ya existen y que se usan para hacer música, pero con la idea de hacer una máquina que fuera programable, es decir, que se pudiera controlar el sonido producido con ella.

Todo empezó con un dibujo en un programa de diseño 3D, para luego hacerse realidad en un primer prototipo construido en un cubo de apenas 80 cms. Cada pieza de la máquina final ha sido construida personalmente por Martin Molin, moldeada y ajustada con exactitud hasta conseguir el resultado final.

El plan de este original músico-inventor es construir nuevas máquinas (no, parece que no se ha aburrido todavía de ellas), algunas de ellas de tamaño más reducido,  y quizás más preparadas para poder llevarlas de gira (la máquina actual tiene que desmontarse y volverse a montar. Sería curioso ver una de éstas en concierto