Larry, el gato de Downing Street, no se irá con David Cameron

Larry, el gato de Cameron, se queda en Downing Street

¿Qué sucede cuando un gato le roba protagonismo a todo un señor Primer Ministro? David Cameron, ex-líder del gobierno británico, lo sabe bien,

Este verano, además de unos Juegos Olímpicos, unas segundas elecciones, el anuncio de una nueva consola NES y la reedición de la película de Cazafantasmas, hemos vivido un hecho político sin precedentes: el Reino Unido votó en referéndum que quería abandonar la Unión Europea.

Larry, el gato de Cameron, se queda en Downing Street

A raíz de eso, el Primer Ministro David Cameron presentó su dimisión, que se hizo efectiva a mediados de julio. Pero la gran polémica de todo este asunto, al menos en Internet, fue el destino de Larry, el gato de David Cameron. Las noticias apuntaban a que Cameron no se llevaría el gato consigo en su mudanza, lo que le valió un aluvión de críticas.

En concreto, en el diario The Telegraph, a Cameron le acusaban de tener gato sólo para aparentar ser más agradable y cariñoso, y llegaron a decir que era “un amante de los perros que hacía ver que le gustaban los gatos”.

Pero la historia en realidad es otra totalmente distinta. Cameron aclaró que quería mucho al gato Larry, y de hecho, llegó a publicar una foto en su Twitter para probarlo:

El problema es que Larry no pertenece a Cameron, sino a la plantilla de trabajadores del número 10 de Downing Street, que lo adoptó en 2011 proveniente de un centro de acogida de animales de compañía al detectar la presencia de ratas en la casa.

Larry, por tanto, pertenece a Downing Street, y allí se quedará junto con su nueva habitante, Theresa May, mientras Cameron busca nueva residencia (y no sabemos si también nueva mascota).