9 de enero, día para jugar a ser Dios

Jugar a ser Dios

Seamos sinceros, tener dinero está bien. Puedes adquirir prácticamente lo que quieras, saldar tus deudas antes de que éstas existan, pagar la hipoteca a tocateja, comprarte el capricho de turno… Y no, no seguiremos con el típico y tópico mensaje que reza “el dinero no da la felicidad”. No, ese no es el debate en cuestión.
Lo que queremos transmitir en estas líneas es que el dinero, como otros elementos materiales de este mundo, es limitado. Y no en el sentido de que exista un hipotético tope de dinero acumulable, no, sino que no todo se puede conseguir con simple ‘pasta’. En ese aspecto, el ser humano siempre ha ansiado un don mayor, algo que hace palidecer incluso al dinero: el ansia de poder.
El poder para controlar a otras personas y al entorno a voluntad. El poder manejar el mundo a tu antojo. En cierta medida, existen varios personajes históricos, la mayoría de ellos dictadores, que han gozado de un poder excelso, un poder que les permitía tener control sobre la vida y la muerte de miles y miles de personas. Es un poder que absorbe, un poder que, para los que lo poseen, te acerca al nivel de una deidad. Y de eso va esta curiosa celebración del 9 de enero, un día para jugar a ser Dios.
Disponer de poder ilimitado, una presencia omnipotente. Esas son las ventajas de ser un dios, o al menos en teoría, claro. En este sentido, las personas que celebran este peculiar festejo forman un grupo en el que uno de ellos ocupa el rol de ‘líder’ y los demás acatan sus órdenes y decisiones, como si fuera una criatura divina, un ser de luz. Tras un tiempo, los roles cambian hasta que todos disfruten un tiempo de esta situación de superioridad total.
Hay formas y formas de tomarse esto. Algunos lo verán como un juego, otros verán en este evento como un experimento sociológico con potencial y otros simplemente disfrutarán de la situación, incluso dejando entrever sus instintos más básicos y oscuros. En cualquier caso, jugar a ser Dios es solo eso, una simulación. Un juego con límites que, por otra parte, no deja de ser realmente interesante, ya que invita a descubrirse a uno mismo.